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El pecado de Azuqueca

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Reproducimos una entrada de El Hexágono, firmada por el periodista Oscar Cuevas y que no tiene desperdicio. Estos son los modos y maneras en que gestiona la Sra Cospedal y el PP en general.

Lo transcribimos tal cual, con los enlaces que de origen trae el escrito.  

 

 

Por Óscar Cuevas

Decía el miércoles Rubén Madrid en esta bitácora coral que el Gobierno de Cospedal ha inaugurado algo así como el “periodo happy” de su mandato, unos pocos meses de vino y rosas con horizonte electoral en mayo de 2015, que llegarán cuajados de anuncios de inversiones y promesas varias… aunque esas mismas inversiones sean las que el propio Ejecutivo autonómico ha mantenido paradas, laminadas, recortadas u olvidadas durante tres años largos de legislatura, bien sea por falta de fondos, bien por falta de voluntad, bien por falta de ambas.

Sin embargo, ya les digo yo que habrá quien se escape de la felicidad renovada y delCospeFlowerPower. Habrá quien tendrá que seguir penando y pagando culpas, pecados capitales, como esa indecente manía que tienen algunos de votar a la izquierda en vez de apoyar al PP. Verbigracia, son muy mala gente los vecinos de Azuqueca, a quienes Cospedal y el guadalajareño Echániz piensan hacer pagar sus malas costumbres a la hora de votar, y sobre todo, el vicio insano de tener como alcalde al secretario provincial del PSOE. Que eso, amiguitos, es imperdonable.

En estos días atrás hemos sabido que la Junta de Comunidades ha decidido renunciar para siempre a la reconstrucción del antiguo y primigenio Centro de Salud azudense, aquel que se abrió en los años 80 y que precisaba de una rehabilitación para poder desdoblar la Zona Básica que conforman, no sólo Azuqueca, sino también Quer, Alovera y -toma nota, Valdenebro- Villanueva de la Torre. El centro cerró sus puertas cuando se abrió el nuevo Centro de Especialidades (CEDT), allá por 2007, con idea de acometer una obra que permitiera que Azuqueca y su zona contaran con al menos dos instalaciones sanitarias, como ocurre con todas las poblaciones del tamaño de Azuqueca que por Castilla-La Mancha hay repartidas.

En Periodismo (y en la vida, diría yo), hay una máxima que dice que las opiniones son libres, pero que los hechos son sagrados. Y es un hecho que la reforma del citado centro, por aquello del estallido de la crisis, se retrasó en demasía. También es un hecho que Barreda y Lamata apuraron hasta el final de su último mandato para iniciar los trámites de las obras. Pero siendo eso cierto, el hecho primordial es que el proyecto siempre estuvo vivo. Con más o menos pulso, pero vivo. Y es un hecho innegable, también, que en tres años y pico de Gobierno de Cospedal, el proyecto ha languidecido, moribundo, y que lo ha hecho por la voluntad del PP, y no por otra. Hasta que ahora se ha procedido a su entierro definitivo con una actuación insólita: La decisión de la Junta de Comunidades de deshacerse de los terrenos y el edificio, que son de su titularidad, para devolvérselos al estado central, a la Seguridad Social. 

 

A partir de estos hechos, caben muchas interpretaciones. La mía es que es una pura venganza política y un ataque directo a un alcalde, Pablo Bellido, al que Cospedal y su gobierno no guardan el mínimo respeto institucional porque le consideran un enemigo de relevancia dado su cargo y su influencia en el PSOE regional. Una falta de decoro político que llega al punto de que ni siquiera le comunicaron oficialmente la decisión, y fue el Grupo Popular en el Ayuntamiento el que dio la noticia en un Pleno, actuando poco menos que de chivato correveidile, ante el estupor de los concejales de PSOE, IU… y el de sus propios excompañeros populares, aquellos a los que laminaron del partido hace escasos meses y que hora conforman un cuarto grupo independiente.

La siguiente interpretación que me viene a la mente es que esto es un robo intolerable a la ciudadanía azudense. Un atraco a mano armada que se sustenta en el hecho de que los terrenos donde se construyó aquel viejo ambulatorio fueron comprados y pagados por el propio Ayuntamiento de Azuqueca, que los cedió al Estado central -que a comienzos de los 80 tenía las competencias- para que se construyera la instalación sanitaria. Fue en el año 2000 cuando, con la transferencia de las competencias, la propiedad pasó a la Consejería de Sanidad de la Junta. Y parece evidente que, si la Junta no quiere emplear el lugar para aquello para lo que se cedió, lo lícito es que se lo devuelva al consistorio que lo pagó, y no al Ejecutivo de Rajoy. En ese sentido, el propio alcalde ya ha anunciado que tomará las medidas legales necesarias para defender el interés de sus vecinos, y bien que hace. 

Capítulo aparte merece el espectáculo patético que ha vuelto a protagonizar el delegado provincial del Gobierno Regional, quien ha dado explicaciones peregrinas, carentes de todo fundamento, para justificar la maniobra. Condado-Candado vuelve a demostrar que es el representante de los intereses de Cospedal en Guadalajara, muy por encima de ser el defensor de los intereses de Guadalajara ante Cospedal. Aunque en honor a la verdad no es el primero en su cargo que se comporta de este modo, que precedentes tiene y de todos los colores, la actitud de Condado está alcanzando cotas nunca vistas hasta la fecha.

Ha dicho José Luis Condado que, cómo no, la culpa de todo la tiene Yoko Barreda, porque inició las obras al final de la pasada legislatura sin tener dinero para acometerlas. Bien, puede ser que la segunda parte de su afirmación sea cierta. Pero hay que ser muy bruto para relacionar aquella situación con la decisión que toma ahora, casi tres años y medio después, el Gobierno al que él representa. También hay que ser verdaderamente retorcido para decir públicamente que los vecinos de Azuqueca –y de Villanueva, Alovera o Quer, insisto- pueden quedarse tranquilos porque ya les pusieron una UVI allí, que antes operaba desde la capital. No ocurre lo mismo en ninguna otra población de 30.000 habitantes en toda la autonomía, y lo sabe.

Y es que si el de Cospedal fuera un Gobierno serio, lo que habría hecho, hace meses, años, es sentarse a negociar con Bellido un calendario posible para retomar los trabajos. Como debería ocurrir igual con la abandonada y necesaria obra de ampliación del Hospital de Guadalajara.

Porque cualquiera puede entender un retraso por motivos económicos -se puede entender ahora, como se podía entender en la legislatura horribilis de Barreda-, pero lo que es impresentable es la renuncia para siempre de un proyecto necesario. Es impresentable asimismo la falta de respeto hacia una ciudadanía a la que no se informa, y ante la que el PP regional actúa con hechos consumados. Y es impresentable la falta de decoro político de ningunear a un Equipo de Gobierno municipal, hasta el punto de que la información la tenga antes algún iluminado que el propio alcalde. 

Fuente: El Hexágono 

Última actualización el Viernes, 15 de Agosto de 2014 09:03  
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