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Nuevo artículo de José M. Cócera en Nueva Alcarria

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Facebook  y el cuento de la plaza pública

Vivimos tiempos de libertad, de opinión  y de pensamiento, al menos eso nos cuentan. También vivimos un auge del marketing relacional, sicológico, del branded content, de la web social como entorno de interacción y globalidad, de democracia 2.0, del poder del post como expresión libre y el voto inmediato como afirmación de nuestra personalidad.

Estoy releyendo un libro muy recomendable de la Dra. Dolors Reig “Socionomía”. Digo releyendo porque como en el segundo visionado de nuestras películas favoritas se advierten mejor los matices, los guiños al lector, las inconsistencias del racor. Insisto, una lectura  muy recomendable.

La Dra. Reig nos describe la revolución social en marcha con precisión milimétrica. La tarea que asume no es baladí. Su intención es descubrir la importancia de dos hechos. Estamos viviendo un salto evolutivo, la posibilidad, gracias a la tecnología de estar más juntos, de desarrollar sociabilidad e inteligencia de manera aumentada. La segunda y tan importante como lo anterior, que el individuo y la sociedad no pueden perder este tren, quedarse fuera es asumir el riesgo de una exclusión social e informativa que nos aboca a un aislamiento letal.

Profundiza también en el factor confianza como criterio esencial para la relevancia de la información en la plaza del pueblo tradicional. En definitiva maneja una serie de nuevos conceptos como “infoxicación” “disonancia cognitiva”, filosofía KISS o hipersociabilidad. Hace referencia a diversos autores y teorías, que glorifican el cambio, Castells ó Daniel Pink y este nuevo futuro social y tecnológico o al revés, que advierten de los peligros de la tecnificación excesiva, los tecnófobos como Carr y Sparrow. Un retrato fiel de la web social como universo paralelo de nuestra vida diaria.

Y ahora paso a mirar desde mi sillón, ya saben, con vistas al campo,  situado de manera estratégica ante el silencio de los girasoles. El rumor incesante de las encinas de Yebes te permite olvidar el ruido de sables que siempre existe en la red 2.0, en las calles de mi ciudad. Me interesan las personas como a la Dra. Reig.

El entorno 2.0 se quiere asimilar a las plazas de nuestros pueblos pero aquí me topo con la realidad más cercana. Yo soy de Madrid, de toda la vida y antes se hacía vida en la calle, el mercado, el bar, el campo de deportes, como en los pueblos y sus mitificadas plazas. Los rumores, como siempre, de la mano de aquellas sillitas que bordeaban los portales y que veían pasar la vida detrás de sus bordados o su punto de cruz. Mientras en el bar, el listo, el malo y el tonto arreglaban el mundo tras la segunda ronda.

En un entorno  social cercano era posible conocer a muchas personas, pero solo nos acercábamos  a aquellas que  por su reputación nos inspiraban confianza. Recuerdo que no me gustaba la compañía del malo de turno, tarde o temprano salías trasquilado, a no ser que fueras tan perverso como él. Tampoco buscaba el consejo de quien no tenía muchas luces, podemos decir el tonto, personaje siempre útil para otros y que necesitaba del reconocimiento ajeno para tener un hueco en el organigrama social. Y por supuesto siempre he huido de quien me ha querido contar su verdad, que digo contar, inyectar dialécticamente su opinión porque es la verdad, aunque yo no la pidiera, superegos en busca de audiencia y aplauso.

En resumen seleccionábamos discurso, amigos, temas y la plaza y los espacios públicos servían como catalizadores de opiniones, consejos y experiencias. Sobre todo en los pueblos, donde más allá de los filtros familiares o de clan, tendían a creer la voz de la experiencia o de la edad.

Ahora con el ágora virtual que es la web social se ha trastocado ese modo relacional. Dicen que un lugar conectado, es un lugar mejor, véase la experiencia de Netville en Canadá. Ahora, todos somos iguales, la opinión de cualquiera es visible. Vivir conectado te hace más empático, tolerante con la diversidad, potencia la realidad personal hacia una realidad aumentada donde la experiencia online es capaz de enriquecer nuestras relaciones online. También te hace más emocional, aunque en una sociedad tan polarizada como la actual, muchos confunden emoción y vísceras y vocean de manera desmedida, sin necesitar una segunda ronda para arreglar el mundo de una manera simplista.

Es aquí donde también quiero incidir en los perfiles que he destacado de entre la masa empática y colaborativa, el grano, aunque podrido, de la paja, los arquetipos que se reproducen en cualquier sociedad, cualquier pueblo, cualquier foro. Ahora el listo, el malo y el tonto tienen una oportunidad de oro para hacerse oír. Y los ciudadanos de a pie tienen la suerte de poder relegarlos al olvido.

De hecho la web social es inteligente y resiste bien los intentos de manipulación. Es notorio comprobar como la “infoxicación” de noticias por parte de un grupo con intereses propios en cualquier foro digital se estrella con el ostracismo de sus contertulios al no conseguir interacciones. Hay unas reglas inmutables que trascienden del mundo offline a los mundos paralelos y digitales. Como en la plaza del pueblo, como en las calles de Madrid las personas  confiamos en quien lo merece y mostramos nuestra alma digital, nuestro timeline, nuestro trocito de realidad en bits a quien creemos de fiar.

Es el momento de que las redes sociales ayuden a hacer mejores nuestros pueblos, nuestras plazas, debemos encontrar lo mejor de nuestros vecinos, nuestros políticos, nuestras empresas. Ser para crecer es la consigna.  Colaborar para mejorar, para apoyarnos ante las dificultades, las injusticias, las carencias, pero como personas, sin avatares e identidades falsas, superegos enmascarados que dañan a la comunidad, que restan credibilidad a las buenas intenciones,  a la empatía que todos brindamos en este nuevo mundo 2.0 a nuestro entorno.

Última actualización el Jueves, 09 de Agosto de 2012 15:45