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Las cadenas de la tierra. Artículo de José Miguel Cócera

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José Miguel Cócera. Blog

 

Si alguien busca al causante del ocaso rural en el estado protector, ese que llaman del bienestar y que ahora está tan denostado, ya puede olvidarse. Quien ha impuesto las cadenas al campo ha sido el mercado tirano, el libre y sacrosanto sistema mercantil donde la iniciativa privada debería ser la panacea de todos los males de este país y, si me apuran, del planeta entero. Bienvenidos a ese mundo ideal, el libre mercado, allí donde la competencia, el precio, los intermediarios y la producción imponen las reglas del juego. Donde las leyes de la guerra marcan inexorablemente la agonía del eslabón más débil, en este caso, los agricultores.

Desde hace seis meses está en trámite parlamentario una ley que permitirá ampliar el potencial del medio rural, de los cosecheros a pie de sembrado, de las familias y empresas que no han dejado de arar y trabajar la tierra, y mejorar el equilibrio de poder, el reparto de ingresos en la cadena alimentaria. Un atisbo de aliento para los profesionales del campo, que están a años luz de los latifundistas de la subvención.

La gran distribución se lleva el grueso de los beneficios del negocio en detrimento de la pequeña y mediana industria, y sobre todo, de los agropecuarios. Es inexplicable que con la que está cayendo todavía haya producción agrícola cuando los precios de los productos agrarios frescos se incrementan una media del 500% y hasta un 1.000% de la plantación a la mesa, de la cosecha al consumidor. No lo digo yo, lo dice el último informe mensual de la organización agraria COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos). Abrumados por esa agresiva política comercial que impera hoy, el déficit que arrastran los productores les deja en manos de las grandes cadenas de distribución y al capricho de una estrecha banda de precios sin escapatoria posible, sin alternativa de mercado.

Mejorar el reparto de las rentas del campo es una prioridad. Y no solo para el Gobierno español. La Unión Europea busca el necesario equilibrio entre los agentes de la cadena alimentaria que permita mejorar las condiciones de vida de los productores y, por tanto, afrontar la posible rebaja de los fondos de la PAC.

el sector agrario es la anilla más debíl de la cadena, el que paga los platos rotos de la industria y de la distribución.

No hay que irse muy lejos. Castilla-La Mancha es una de las regiones cuya tipología de cultivo está supeditada al pastel de los 660 millones de euros que los propietarios se llevan a la buchaca con las ayudas comunitarias. Eso condiciona la situación de indefensión y que corresponde a la existencia de una actividad muy atomizada.

Por desgracia aquí adolecemos de organizaciones cooperativas y de productores con capacidad de maniobra. Se hallan en inferioridad frente a otros sectores económicos al tratarse, en muchos casos, de productos perecederos y estacionales, con una oferta muy dispersa y precios sometidos a una fuerte volatilidad. La concentración del poder de compra en unos pocos agentes de distribución pervierte el valor de mercado y la Administración, sabedora del desequilibrio, no hace nada por evitarlo.

Si queremos ser testigos de un campo próspero o, al menos, no condenado a la ruina, habrá que arbitrar medidas para erradicar las prácticas comerciales abusivas en industrias y, sobre todo, en la gran distribución. Para acabar con la existencia de pagos típicos, subastas a ciegas, ventas a pérdidas, la regulación de las promociones y, sobre todo, para instaurar un código de buenas prácticas comerciales.

Acaso en Madrid sean menos conscientes de este grave problema. Les invito a acudir de madrugada a Mercamadrid para que verifiquen que las primeras cajas de producto, de tomates de la Vera, de pimientos murcianos o de manzanas de Lérida, tienen como destinatarios las grandes cadenas de producción. Eso sucede entre las tres y media y las cuatro y media de la mañana. Después, le toca el turno al frutero de la esquina.

En Guadalajara aún están a la vista esas extensiones de girasol, de cebada, de cultivos de secano que nos rodean por doquier. Con los márgenes de beneficio tan ajustados y una PAC amable que bonifica el barbecho, deberíamos apreciar más si cabe el campo que tenemos a un tiro de piedra y del que depende el futuro de todos. Nosotros sí podemos disfrutar del reflejo dorado de los campos, del cadencioso cimbreo de la mies. Disfruten del paisaje, que nos queda poco.

 

Última actualización el Domingo, 22 de Enero de 2012 10:35  
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